El Salvador ha logrado una reducción significativa del 17.1% en sus niveles de hambre entre 2016 y 2025, según el más reciente Índice Mundial del Hambre (GHI).
Entre los logros más destacados se encuentra la caída de la mortalidad infantil en menores de cinco años, que pasó del 3.2% al 1.0%, y la reducción del retraso en el crecimiento infantil, que descendió hasta el 9.4% en este último ciclo.
A nivel regional, El Salvador presenta un panorama más favorable que vecinos como Guatemala, pero el estancamiento del promedio latinoamericano sugiere que el camino hacia la erradicación total sigue siendo complejo.
Para 2026, la proyección se centra en la aplicación de políticas integrales que además de asegurar la disponibilidad de alimentos, también proteja la resiliencia de las comunidades rurales, como las de Santa Ana Norte.
El fortalecimiento de los marcos legales y el desarrollo económico local, especialmente el empoderamiento de las mujeres en el agro, serán determinantes para transitar de un hambre moderada a niveles insignificantes.
La meta para el nuevo año es blindar los sistemas alimentarios contra el cambio climático y asegurar que el crecimiento económico se traduzca en platos de comida en los hogares salvadoreños.
