Comúnmente, cuando se habla de negocios, pocas veces se habla de la decoración como un factor estratégico. Sin embargo, en sectores como el retail, los eventos y la hospitalidad, la forma en que se construye un espacio puede influir directamente en el comportamiento de las personas: desde cuánto tiempo permanecen en un lugar hasta cómo perciben una marca.
En ese cruce entre estética y negocio se encuentra Olive Design, una empresa salvadoreña que comenzó como una expresión creativa familiar y que, con el tiempo, ha evolucionado hacia una operación más estructurada, orientada a proyectos de gran escala y con un enfoque claro en experiencias.
Su origen se remonta a 2004 bajo el nombre Olive Tree, como un proyecto basado en la intuición, sensibilidad estética y oficio de Regina de Morán, su fundadora. Años después, la incorporación de su hija, Gracia Morán, no solo representó un relevo generacional, sino también un punto de inflexión en la manera en que el negocio se pensaba: más estructura, una visión más comercial y una lectura distinta del mercado.
Hoy, su trabajo se refleja en algunos de los espacios más transitados del país. Son quienes, en muchas ocasiones, construyen los ambientes que acompañan temporadas clave en centros comerciales, desde intervenciones que llenan de alegría los pasillos en las temporadas de compras, hasta montajes que transforman por completo la experiencia de quienes los visitan. Detrás de cada proyecto hay una intención clara: influir en cómo se vive y se recuerda un espacio.

ElPunteo: ¿Cómo comenzó Olive Design?
Gracia Morán: Olive comenzó como un llamado a crear. En 2004, Regina, mi mamá, fundó Olive Tree como una expresión de su vocación creativa. Era una forma de transformar espacios con sensibilidad y estética. Yo crecí en medio de flores y arreglos, viendo cómo una idea se convertía en algo tangible. Eso despertó en mí la convicción de que el diseño era mi camino.
Ella estudió diseño gráfico, entonces yo decía: “quiero hacer lo mismo”. Entré a la universidad pensando eso, pero me di cuenta de que el diseño había cambiado mucho. A mí siempre me gustó crear con las manos. Primero estudié diseño gráfico, pero lo sentí muy gráfico para mí, así que me cambié a diseño de producto. Luego descubrí que el enfoque era muy artesanal y social, y yo quería crear cosas más comerciales. Entonces yo armé mi propia carrera. Fue la mejor decisión. Todo lo que estudié me sirvió para implementar en Olive. Mis contactos, mis proveedores, muchos vienen de la universidad. Eso nos dio estructura, porque antes el negocio era más empírico.
En 2019 nació oficialmente Olive Design Company, como una evolución más estructurada y ambiciosa, enfocada en crear experiencias con identidad. Nace de una pasión compartida entre madre e hija. Tenemos una conexión fuerte: muchas veces ni hablamos y ya sabemos qué está pensando la otra. Somos complementarias. A veces hay choques porque no somos iguales, pero nuestras fortalezas se equilibran. Eso crea una dinámica sólida.
Nuestra historia es una unión de pasión heredada y preparación profesional.
EP: ¿Cómo consideras que fue el cambio para Olive cuando hiciste esa transición de involucrarte más en la operación del negocio?
GM: Realmente siempre he estado súper involucrada en todo. Toda mi universidad trabajé medio tiempo en Olive Tree haciendo montajes, trabajando temporadas como Navidad.
Cuando entré como socia, tenía una idea bien clara de lo que se tenía que hacer. Ahora bien, para mí, entrar y formalizar nuestra sociedad fue una experiencia increíble porque yo aprendí todo lo que sé de mi mamá. Fueron aproximadamente dos años en los que fui su sombra, hasta que eventualmente, yo ya me sentí como lo suficientemente preparada para que fuéramos ya dos iguales.
Eso nos dio una gran capacidad. Yo le atribuyo mucho a esa formación tan intensa, a que eventualmente fuéramos creciendo más y más, porque en cuanto a centros comerciales, empezamos haciendo una marca de Grupo Roble, los unicentros, que son tres. Hoy en día en Navidad, nuestros proyectos en locaciones ya llegan como 16, entre todo lo demás que hacemos durante esa temporada.
EP: Muchas veces la decoración no se percibe como algo estratégico, ¿cómo has construido un negocio rentable alrededor de eso?
GM: A través de decisiones que ayudaron al proyecto. Por ejemplo, nos tomó mucho tiempo dejar de hacer flores de ocasión. Ha sido clave tomar decisiones estratégicas, como enfocarnos en lo más rentable.
También evolucionar con el mercado. Las expectativas han cambiado mucho, especialmente con redes sociales. Un punto clave fue entrar al mundo de centros comerciales, que se convirtió en el principal ingreso del negocio. Cuando entré, tuve una gran influencia en esa decisión. Crecí rodeada de arreglos y de flores, pero yo quería diseñar. Yo soy diseñadora y mi mamá también, entonces decidimos enfocarnos juntas en vender estos diseños bien conceptualizados y enfocados a centros comerciales.
Al salir de la pandemia, los centros comerciales necesitaban aumentar el tráfico. Entonces sí tuvimos esa ventana de oportunidad de iniciar en el momento correcto, donde fuimos bien consideradas como aliadas para todas estas marcas. Al inicio me impresionaba que ellos (las marcas) simplemente confiaban en nosotras.
EP: ¿Cómo sentiste la aparición de la pandemia justo después de iniciar formalmente en 2019?
GM: Fue retador, pero también una oportunidad para depurar y transformar nuestra propuesta. Durante la pandemia renovamos nuestro catálogo, especialmente en flores. Sorprendentemente, nunca dejamos de trabajar.
La gente no podía salir, así que seguíamos entregando. Incluso cuando no había flores naturales, usamos alternativas. Nos adaptamos constantemente.
Económicamente nos mantuvimos, y además tuvimos tiempo para replantear el negocio. Más que un obstáculo, fue una palanca.
EP: ¿Actualmente trabajan solo ustedes dos o tienen equipo?
GM: Nosotras lideramos, pero tenemos una red de colaboradores.
Trabajamos con equipos según el proyecto. Hay estacionalidad: en Navidad tenemos equipos grandes y el resto del año operamos con equipos más flexibles. Mi Navidad empieza en septiembre. Desde entonces y hasta enero yo tengo un equipo fijo súper grande trabajando conmigo durante esos meses. De febrero a agosto tengo un equipo solo según necesidad. Siempre tengo gente a mi disposición y trabajo con esta red de eventuales.
Para darte una idea, los eventos usualmente se montan con más o menos un equipo de cinco personas y hay eventos todo el tiempo. Si tengo que ir a un centro comercial, ya tengo grupos especializados que son equipos más grandes según la necesidad del proyecto, que varía entre cinco y diez, doce personas. Son equipos bastante grandes, y nosotras tomamos las decisiones. Ya estamos en un punto donde dirigimos y ejecutamos a través de otros
EP: ¿De dónde viene la inspiración cuando empezás un proyecto desde cero? ¿Cómo equilibran lo que quiere el cliente con su visión?
GM: Es un trabajo de escuchar. Escuchamos mucho al cliente. Combinamos su visión con nuestra experiencia. Somos una empresa que genuinamente se preocupa por entender exactamente cuál es la necesidad del cliente y por qué está viniendo a nosotros, ya sea para un montaje del Día de las Madres, una boda o cualquier otro proyecto. Siempre buscamos respetar la visión específica de quien nos contacta.
Todo tiene un concepto detrás. Nada es al azar. Investigamos, desarrollamos propuestas personalizadas y buscamos siempre algo diferente. Nuestro background en diseño es súper importante porque a los diseñadores nos enseñan a hacer eso, a que todo tenga un concepto, a que todo sea fundamentado o por lo menos un buen diseñador tendría que hacer eso. Ese es el toque de Olive, que todo realmente va encadenado y tiene un porqué. Nuestros clientes también valoran eso y nos dan libertad creativa.
EP: ¿Cómo ha cambiado el rubro con el tiempo?
GM: Las redes sociales revolucionaron el todo en cuanto a decoración, mercadeo y eventos. El cambio generacional también. Hoy quienes toman decisiones son personas que crecieron con redes. Todo se diseña pensando en cómo se ve, cómo se comparte.
Estamos hablando de que pasamos de Baby Boomers a la Generación X, de Generación X a Millennials. Ahora los que tienen el poder de compra son Millennials y ya estamos empezando a ver Generación Z. Desde los millennials ya vinimos con el chip de redes sociales integrado. Esa es la razón de por qué hay mucho énfasis en cómo se ven las cosas. Eso se aplica tanto para eventos como para centros comerciales, porque en ambos casos la toma de decisión la hace gente de nuestra generación. Yo vi cómo pasamos de tratar con gerentes de mercadeo o jefes de marca que tenían la edad de mis papás, a que ya todas las personas con las que me relaciono tienen mi edad.
La pandemia también aceleró la competencia por atraer personas. Hubo una guerra muy fuerte por quién atrae más y cómo. Eso transformó la industria.
EP: ¿Qué podemos esperar de Olive Design para los próximos años?
GM: Queremos evolucionar hacia un estudio de autor. Tener y buscar más clientes como los que tenemos, que no solo confíen en nosotras, sino que nos permitan explorar los límites de lo que la creatividad tenemos. Cada año hay más tecnología, hay más facilidad de traer cosas de afuera, importar de China, e innovar desde ese lado. Entonces nos vemos perfilados como un estudio de autor que hace cosas fuera de lo común y se mantiene vigente.
También me gustaría representar a El Salvador a nivel internacional, mostrando el talento que hay aquí. Ese es un sueño personal mío: atraverme a tener colaboraciones a nivel internacional donde se vea el talento que tiene esta habilidad de crear cosas súper diferentes y disruptivas.
EP: ¿Qué le dirías a la versión de ti que nada más estaba ayudando, aprendiendo en sus primeros arreglos?
GM: Que se atreva a soñar y que se lo crea. Solo así se logran las cosas. Creo que eso es parte del por qué hemos llegado hasta aquí: porque hemos tenido la confianza de creerlo.
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La historia de Olive Design refleja una dinámica cada vez más común en negocios familiares: la transición de modelos empíricos hacia estructuras más estratégicas, impulsadas por nuevas generaciones que crecen entendiendo tanto el valor creativo como las exigencias del mercado.
En un contexto donde las redes sociales han elevado las expectativas visuales y donde los espacios compiten por atención, la decoración deja de ser un elemento accesorio para convertirse en una herramienta que incide en resultados concretos: tráfico, recordación de marca y experiencia del usuario.
Más allá del crecimiento en volumen de proyectos o clientes, el caso de Olive también pone sobre la mesa una idea relevante; la capacidad de un negocio para evolucionar no depende únicamente de su origen, sino de su disposición a replantearse. A cuestionar qué es rentable, qué aporta valor y hacia dónde puede escalar.
En última instancia, lo que hacen empresas como Olive Design no es solo intervenir espacios, sino modificar la forma en que estos son percibidos. Y en mercados donde la percepción es cada vez más determinante, ese puede ser uno de los activos más importantes.
