Hace menos de una década, la costa salvadoreña era vista como un destino de descanso y escapada, haciendo que el desarrollo inmobiliario avanzara lentamente. Hoy, el panorama es distinto: terrenos que antes costaban apenas unos miles de dólares han multiplicado su valor, la inversión extranjera crece y decenas de proyectos turísticos, residenciales y comerciales comienzan a transformar el litoral del país.
Esta transformación comenzó con un cambio de percepción. El boom del surf, el crecimiento del turismo y el aumento en la seguridad de la zona costera trajo nuevas oportunidades de inversión que la posicionaron como uno de los mercados inmobiliarios más dinámicos y atractivos de Centroamérica.
Para entender cómo ocurrió este cambio y hacia dónde podría dirigirse, conversamos con Roberto Palacios, empresario salvadoreño con más de 16 años de experiencia en bienes raíces, quien ha vivido de primera mano la evolución de Surf City, el crecimiento de la plusvalía en la zona y la llegada de inversionistas nacionales e internacionales que hoy ven en El Salvador una apuesta de futuro.

ElPunteo: La costa salvadoreña pasó de ser un lugar de escapada a convertirse en un punto fuerte de inversión. ¿En qué momento sintió usted que algo había cambiado?
Roberto Palacios: Antes de que el presidente Bukele empezara a impulsar las zonas costeras, todo eso estaba bastante abandonado. Yo ya llevaba años trabajando en el medio y recuerdo que antes las propiedades en la playa solo podían comprarse al contado. Los bancos no otorgaban préstamos para propiedades en la costa porque las consideraban zonas de riesgo.
La razón oficial era el tema del mar, que podía crecer, pero realmente mucho tenía que ver con la delincuencia que existía alrededor de esas zonas. Por eso la costa se mantuvo durante mucho tiempo únicamente para personas con alto poder adquisitivo. Los precios eran completamente distintos. Yo llegué a ver propiedades frente al mar en $15,000 que hoy pueden valer hasta $475,000. Cuando el presidente Bukele comenzó a promover toda la zona costera, ahí empezó el cambio. Los bancos comenzaron a interesarse y a abrir posibilidades de financiamiento porque vieron el potencial del mercado.
Al inicio, entre 2019 y 2020, el movimiento era principalmente entre salvadoreños. Se escuchaba que venían proyectos grandes, que se ampliaría la carretera y que habría mucha inversión, pero todavía existía incertidumbre. Ya en 2020 empezó a haber más confianza y comenzaron las ventas fuertes en la costa. Luego, entre 2021 y 2022, con los cambios en seguridad, hubo un cambio radical. Empezó a llegar gente de todos lados a comprar. Para finales de 2023, muchos salvadoreños y hermanos lejanos ya sentían que los precios no eran alcanzables, y ahí comenzaron a entrar con fuerza los extranjeros. Ellos impulsaron mucho la gentrificación y el aumento de precios en las zonas costeras.
Les doy un ejemplo: En 2020 tenía una propiedad frente al mar cuyo dueño pedía $50,000. Cerca de ahí apareció otra propiedad publicada en $110,000 y el propietario de la mía decía que eso era una locura.
Pero alguien promocionó esa propiedad en el extranjero y terminó vendiéndose en $95,000. El dueño de la propiedad que yo manejaba quedó sorprendido y automáticamente quiso subir el precio a $125,000.
Así empezó a cambiar todo el mercado. Ahora la costa se ha convertido en una de las zonas con mayor plusvalía del país. Antes las zonas más valiosas eran principalmente urbanas, pero ahora la zona costera ya forma parte de ese grupo por el crecimiento que ha tenido.
EP: ¿Qué cree que tiene específicamente la costa salvadoreña que está atrayendo tanta inversión extranjera?
RP: Lo primero fue el surf. He visitado destinos como Costa Rica, México, Panamá, Perú y otros lugares, y ahí entendí realmente el privilegio que tenemos en El Salvador. Aquí tenemos olas prácticamente todo el año. En otros países muchas veces dependen de temporadas o tormentas.
Tenemos olas, clima cálido y, sobre todo, ahora seguridad. Creo que este último es el factor más importante. Además, El Salvador ha comenzado a mostrar que no es solo playa. Ahora la gente descubre volcanes, cascadas, senderismo y muchos otros destinos turísticos.
También hay ventajas importantes para inversionistas extranjeros. Aquí no existe impuesto a la propiedad y un extranjero puede comprar fácilmente utilizando únicamente su pasaporte y el capital necesario. En otros países hay restricciones mucho más complejas. Eso hace que la gente vea a El Salvador como una oportunidad tanto para generar ingresos mensuales como para obtener plusvalía rápidamente.
EP: ¿Y cómo imagina usted la costa salvadoreña dentro de 15 o 20 años?
RP: Me imagino algo bastante cercano a Singapur, guardando las proporciones. Hay muchísima inversión extranjera entrando al país. Grandes inversionistas están apostando fuerte por la costa y eso también motiva a inversionistas más pequeños a sumarse. Por ejemplo, en La Unión estoy involucrado en un proyecto enorme que contempla 6,000 propiedades entre apartamentos, casas, terrenos, cabañas y centros comerciales. En La Libertad también hay alrededor de 38 torres de apartamentos proyectadas. Dentro de 10 o 15 años, la costa va a verse completamente distinta.
Claro, todo dependerá también de la estabilidad política y de que continúen las condiciones actuales del país. Cada vez que hay incertidumbre política, la gente deja de comprar y muchos comienzan a vender.
EP: ¿Cómo ha cambiado su forma de entender el negocio desde que comenzó hasta hoy?
RP: Antes todo dependía mucho del networking entre corredores y contactos cercanos. Hoy el panorama es distinto.
Ahora basta con publicar algo relacionado con El Salvador, Surf City o la costa para que exista interés inmediato, incluso desde el extranjero.
Ya no somos vistos únicamente como un país violento. Ahora se nos asocia con surf, bitcoin, playas y turismo.
EP: También mencionó que está entrando al mundo de Airbnb. ¿Cómo ha sido esa experiencia?
RP: Voy comenzando. Ha sido una experiencia bonita, aunque requiere bastante tiempo y atención. Hay que responder rápido, estar pendiente del teléfono y cuidar mucho la atención al cliente.
Lo bueno es que se convierte en un ingreso constante y eso también permite organizar mejor el trabajo o delegar ciertas tareas. Por ejemplo, una vez la propiedad ya está lista, decorada y con buenas fotografías, puedo delegar la atención al cliente a parte de mi equipo.
EP: ¿Qué características tiene un cliente inteligente dentro de este rubro?
RP: Un cliente inteligente siempre pregunta por la rentabilidad mensual que puede generar una propiedad o por la plusvalía que han tenido las propiedades alrededor.
Toda compra en bienes raíces termina siendo una inversión. Las propiedades rara vez bajan de valor; normalmente siempre van hacia arriba.
EP: ¿Y qué consejo le daría a alguien que quiere entrar al mundo de bienes raíces?
RP: No es un rubro fácil. Cuando empecé, trabajaba también en publicidad y llevaba varios proyectos al mismo tiempo.
Este negocio requiere mucha paciencia. Uno puede mostrar una propiedad diez veces y cerrar apenas una venta. Hoy mi día a día consiste en mostrar propiedades, atender llamadas, responder mensajes y organizar anuncios. Con el tiempo, el mismo trabajo empieza a llegar por referencias y clientes satisfechos, pero al inicio puede ser bastante frustrante.
También creo que este rubro debería estar más regulado. En otros países solo un agente inmobiliario autorizado puede realizar ciertas transacciones. Eso ayuda a profesionalizar el mercado y evita muchos problemas. La experiencia pesa muchísimo porque cada caso es diferente y muchas veces hay situaciones complejas que solo se aprenden trabajando en el campo.
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Más allá del boom inmobiliario y del crecimiento acelerado de la inversión extranjera, la conversación con Roberto Palacios refleja una transformación mucho más profunda: el cambio en la forma en que El Salvador es percibido dentro y fuera del país. Lo que antes era una zona marcada por la incertidumbre hoy se perfila como uno de los principales polos de desarrollo turístico, residencial y económico de la región.
Mientras nuevos proyectos, torres y desarrollos continúan apareciendo a lo largo de la costa salvadoreña, también surge una pregunta inevitable sobre el futuro: cómo mantener el equilibrio entre crecimiento, identidad y sostenibilidad en una zona que evoluciona a gran velocidad.
Para Roberto Palacios, el fenómeno apenas comienza. Y aunque reconoce que mucho dependerá de la estabilidad y continuidad del contexto actual del país, sostiene que la costa salvadoreña ya dejó de ser únicamente un destino turístico para convertirse en una de las apuestas más fuertes de inversión y transformación territorial en El Salvador.
